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Me preguntaban que cómo era
y cómo ha de ser –contestaba yo-
es una especie de mareo constante
un nudo en la garganta
se recoge el estómago
se me cansan los pies
los párpados que quieren caer
lentos lentos lentos
pesados como la culpa
para cerrar los ojos y no ver
¡que me pongan monedas cuando muera!
dejen mi cadáver ahí donde haya caído
seré merienda de buitres
o perros salvajes
devorarán mis intestinos
como dulces tallarines
en salsa de sangre
sacarán de mi pecho
dos carbones de pulmón
abriendo mis costillas
ardiendo mis orejas en sus babas
y sus pútridos alientos
¡cómo besan mis labios desgarrándolos!
(nunca nadie vió muestras de tanto amor)
No se fijan en las alas
en mis alas
las escondo por no perderlas
y ya el sueño me va ganando
y a mis pies no les quedan pies
ni mis manos tengo ya
ni al sol lo siento igual
sin la piel en las verijas
A veces
es así como se siente.
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miércoles, 21 de marzo de 2007
martes, 6 de marzo de 2007
Teología Tercera
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Cuatro en cuatro más cuatro, doce
sacerdotes oficiándolas de santos
repartiendo sangre en los cálices
de virtud inconsagrada.
Por la razón que da vuelta la cara
o la cara de la sin razón.
Por la violencia que aprieta los puños
de un puñado violento y anodino.
Sacrificios de metal, de verde, de nube
que hace llorar, de rostro tapado y
oculto, de miedo sin fin
de anónimo reconocido y de
ermitaño social, cada uno de nosotros
sacerdotes oficiándolas de santos
repartiendo sangre en los cálices
de virtud inconsagrada.
Por la razón que da vuelta la cara
o la cara de la sin razón.
Por la violencia que aprieta los puños
de un puñado violento y anodino.
Sacrificios de metal, de verde, de nube
que hace llorar, de rostro tapado y
oculto, de miedo sin fin
de anónimo reconocido y de
ermitaño social, cada uno de nosotros
cenizas de la llama que nutre al poderoso.
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