martes, 17 de junio de 2008

Hay cosas con las cuales no se puede luchar.

Hay cosas con las cuales no se puede luchar. Finalmente Andrés Bello tenía razón, las comunidades no son más que fuentes de disputas fraticidas. Es triste admitirlo, pero es así.
Con el mayor de mis cariños y desencanto, para mi familia...

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Los buitres anónimos y sombras

Carcomiendo viles las entrañas

Respirando los pútridos alientos

De pútridas y torpes alimañas

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Urgentes y negros alaridos

Que escarban infames sus voces

Altivas hirientes e infundadas

Gorilas desgarrándose atroces

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Las tripas de alguna de las ratas

Los juegos fugaces y anodinos

El humo inocente de cigarros

De juerga de vida o de vino

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La sed ya insoluta y altiva

La temperatura con desgana

Los odios viles y fraternos

Los hijos de la bruma temprana

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Desatarte quiero de la tierra

Abrir ahora tus ojos caballeros

Tu esfuerzo de años en vela

Tus libres y hermosos anhelos

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Urgentes mis palabras recogidas

De las bocas que hoy desconoces

Hijas de tu herencia envilecida

Rogándote a llanto que destroces

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Sólo tu recuerdo y tu calavera

Tus hermosos huesos revolcándose

Sumergidos en olvido de herederos

Humillantes de tus primas bondades

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Es la rabia y la pena que carcome

Es dolor de tus manos en mis huesos

Es la lágrima pesada que resbala

Mi mejilla y tu cuerpo que es mi cuerpo
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martes, 3 de junio de 2008

Su locura consistía precisamente en callarlo todo

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Su locura consistía precisamente en callarlo todo y sólo querer hablar con la mirada. A menudo se daba a entender, pero no cualquiera lograba descifrar los mensajes que enviaban sus pupilas, sus párpados, sus pestañas, sus cejas e incluso el reflejo de sus ojos negros, en los que se hundía un mundo de dolor no contado, preso de la vergüenza, del desamor, encadenado por la más profunda de las tristezas.

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Su locura consistía precisamente en callarlo todo. Y mientras se alargaba el encierro, más hondo se hacía el pozo donde cayera alguna vez, y que era la fuente de la cual emanaba a borbotones su silencio. Desde la altura en que me mantenían las pastillas, logré verla.

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Ahora bien, comprendo que quizás no sea una descripción muy clara y verosímil, ni que tenga tampoco alguna utilidad, o siquiera un valor literario a su respecto. El asunto es que me llamó alguna vez, con sus ojazos negros como su alma, para decirme al oído toda la verdad, las predicciones de casandra, como artilugios, fue gastando lo que de voz le quedaba para soplar sobre mi mente sus desvaríos, pero sobre todo, sus valiosas lecciones de vida, las que olvidé casi de inmediato, amén del noble efecto de mis medicamentos.

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A dos días de aquello desapareció. Según los médicos, la trasladaron a otro recinto, ya que su patología merecía otro tipo de cuidados. Claro, como si nosotros no hubiéramos oído sus gritos esa noche, ni hubiésemos visto consternados como salían antes que el sol, desde su dormitorio al patio, cuatro hombres cargando una caja tan negra como el alma que había escapado ya del cuerpo que en ella se contenía.

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Su locura consistía precisamente en callarlo todo.
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martes, 29 de abril de 2008

16/04/2008

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"Esto podría ser un beso con la muerte... pero me cuesta creerlo"
........................................................................Lucas Saavedra
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Huele a gusanos, me dijo,
y yo, cómo diablos huelen los gusanos?
Acercó sus labios a los míos
y soltando el aire apresado del beso
me inundo de la bazofia

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Así, dijo, así es como huelen los gusanos

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viernes, 25 de abril de 2008

Uno de mis enamoramientos fugaces.-

...................La ciudad nos perdió. Con el cansancio de viernes por la mañana, de metro repleto, de empujones, pisotones, atrasos y la urgencia por llegar. Un ruido entonces, ensordecedor, la luz roja, y la frontera amarilla del andén nos extravió, y tras sus ojos, bueno, tras sus ojos iba yo.

lunes, 14 de abril de 2008

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.......................Entonces cayó nuevamente la tristeza en mí. Esa tristeza que venía disfrazada, de hace veintiocho siglos. Esa misma que yo enterraba bajo un cerro de pastillas hace algún tiempo, no muy lejano. Tristeza infame de no saber porqué. Idiota angustia que no me deja caminar. Yo no quiero que esté aquí, no quiero tenerla, no quiero vivirla, quiero desterrarla para siempre, pero no se puede. Vuelve, vuelve, siempre vuelve la maldita, con su traje seductor a tomarme por el lado más débil. Vuelve, vuelve, siempre vuelve la maldita, y no me deja salir de los límites de mi piel. Se queda atascada, sellando todo escape, toda fuga de la lágrima, para que me inunde por dentro, para que me ahogue al fin, para matarme. Sí, es la misma tristeza, esa que alguna vez ató sogas en mi cuello, la que se emborrachó noches y noches conmigo, la que alejó por fin de mí a mi mujer, mis hijos, la sonrisa de mi cara, las ganas de vivir. Esta maldita meretriz que ha logrado congelar la fuerza que de mi sangre emana, esa fuerza que reconozco y sé invencible, no la puede matar porque no muere, no la puede alejar por que está en mi, por eso grita impotente, ensordece y luego astuta, lanza sobre ella sus hálitos de hielo paralizándola. No puedes conmigo, le grito, y baja la voz un tiempo, pero sólo eso, sólo un tiempo. No se marcha, no se va. Lo peor es que no sé dónde se esconde. Se oculta y vuelve a aparecer a su antojo. Son ciclos, me dice profesional y académicamente mi siquiatra, pero no me tranquiliza. Todo lo contrario, lo ciclos son eternos, y yo no quiero esa eternidad. Quiero que desaparezca, que se lleve los temores. Que el miedo que agarrota mis piernas sea arrastrado infame en un torrente de lágrimas sanadoras. De pronto explotar, hacer erupción, aluvión cerro abajo desde la razón al corazón, pasando por el estómago que se recoge, por el sexo humillado, por las piernas inmóviles, por los pies cansados, caer en el suelo y en el suelo pisotearla, escupirla, lacerarla, orinarla y defecarla, arrojarle a la cara todo el daño que me hace, cavar la fosa más profunda y alejada para inhumarla. Nada de flores para la maldita, nada de flores. Seré yo entonces quien esté en el cajón, sintiendo los hirientes alaridos de mi tristeza enorme, infame, maldita, idiota, cíclica, y sobre todo, eterna.

martes, 10 de julio de 2007

..........“Todo es perfectible”, me decía siempre, y tachaba versos y versos escritos mil veces y mil veces vueltos a escribir. La obsesión por mejorarlo todo creo que lo llevó al andén. Pensando, soñando, elucubrando la mejor y más rápida forma de morir. Si es que existe una mejor muerte, sin duda él la inventó. Tenía todo dispuesto, incluso el festejo de su funeral –y digo festejo, pues él quiso que se celebrara-. Evidentemente todos estuvimos con un nudo en la garganta, pero el trago va alivianando esa congoja y haciéndola más llevadera. Terminamos bailando, entre una rara amalgama de lágrimas, risas, juegos y natural tristeza..
..........Más de una vez me advirtió lo que haría, pero nunca le creí. Pensaba que cuando se refería a lo perfectible del dolor, significaba que éste se encaminaba hacia el sosiego de la alegría, la paz del sufrimiento. Pero no. Era justamente lo contrario; la perfección del dolor consistía en hacerlo inaguantable, angustia insalvable, imposible de vivir.
..........Poeta de la noche que mejoraba siempre más. No contábamos con su astucia. Nos dejó cartas, varias cartas, en las que no explicaba nada, ni pedía nada, sólo ponía toda su obra, el fin de su trabajo, dos versos patéticos, sufrientes, pero no por eso alejados de la realidad:
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“El amor es un bebé sanguinolento
bebiendo de la teta más amarga.”
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martes, 29 de mayo de 2007

XXII*

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Canto del Mal Sueño
(*Cancionero de San Carlos)

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Lleno de avispas
me escondí del sol
durante la noche larga
y tapizada de sepelios
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Lleno de avispas
me escondí del sol
durante la noche larga
y tapizada de sepelios
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Lleno de avispas brotando de mis manos
me escondí del sol por no quemarme
durante la noche larga y miserable

tapizada de sepelios y pútridos cadáveres
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