............................Y entonces temo por mis pies. Y en realidad por mi integridad toda. Ella subía sigilosamente por la pared de mi cuarto, la que está a un costado del escritorio en que ahora escribo, con la inmejorable coordinación natural y exacta de sus ocho patas. Por el rabillo de mi ojo izquierdo advertí el movimiento, lentamente me quité una de las sandalias, dejé el cigarrillo en el cenicero, y acerqué mi mano armada a su cuerpo que no dejaba ángulo propicio para el golpe único y certero, necesario en estos casos, pues avanzaba por un delgado plano, de no más de un centímetro de ancho, que le daba el marco del ropero embutido. La observé un momento esperando que se detuviese, mas no cesó su avance muro arriba hacia el refugio seguro que era la unión de una repisa de libros con la pared, donde podía claramente ocultarse de mi sombra amenazante. Encontrándome entonces lleno de temor por su inevitable huida, y aún cuando el ángulo era difícil de sortear, tomé la mala decisión de asestar un golpe con el talón de mi calzado. Al instante se recogió y calló al suelo, este suelo de cubrepiso violáceo que tengo, en donde, debido a la mala luz y mi incipiente mala visión, se perdió por completo. Ciertamente no la herí de manera considerable, ya que observé detenidamente el radio dentro del cual debió haber caído y no estaba. Imaginé su fuga, espantosa fuga, con toda la velocidad magistral de sus ocho patas, las que casi puedo sentir en este momento, corriendo por mis pies, por la piel de mis piernas, por mis brazos, cada una de ellas, provocando con su ingrávido roce mi terror hasta lo indecible. Temo por mis pies. En realidad por mi integridad toda. Imagino sus ocho ojos mirando desde la sombra del escritorio, analizando estratégicamente los agujeros de las sandalias, para decidir el camino correcto, el momento exacto, de dar su golpe, su acertada picadura, su exquisita venganza, su gloriosa victoria de esta guerra infinita en su contra y, sobre todo, en contra del pavor que toda su especie, en ella representada, me provoca.