"Me voy de viaje por el infierno,
cielo, mar y tierra, me sobra tiempo."
Los Tres
.
.
La muerte vino a mí así como escondiéndose
y en el paseo Ahumada
subió por mis vestidos miserables de fraile ateo
de hereje sacristrán
La muerte caminaba como bestia
hermosa y me invitaba un cigarrillo
estrujando mi meninge en el humo
del Derby hediondo en los dedos
Sentados en Huérfanos me contaba del adobe
que ensuciaba sus manos
siglos atrás en esas calles violentadas
de cómo pasan los años sobre
sus negros pechos de luz
que amamantan todavía
Me contaba de sus lágrimas
de su útero tan inmenso como inservible
de su delirio de madre que jamás engendra nada
(Los perros pasaban
y sacudían a nuestro lado sus urbanas garrapatas
en trajes caros y corbatas de seda
ladrando y gruñendo sus capitales
acciones y el mercado)
y en el paseo Ahumada
subió por mis vestidos miserables de fraile ateo
de hereje sacristrán
La muerte caminaba como bestia
hermosa y me invitaba un cigarrillo
estrujando mi meninge en el humo
del Derby hediondo en los dedos
Sentados en Huérfanos me contaba del adobe
que ensuciaba sus manos
siglos atrás en esas calles violentadas
de cómo pasan los años sobre
sus negros pechos de luz
que amamantan todavía
Me contaba de sus lágrimas
de su útero tan inmenso como inservible
de su delirio de madre que jamás engendra nada
(Los perros pasaban
y sacudían a nuestro lado sus urbanas garrapatas
en trajes caros y corbatas de seda
ladrando y gruñendo sus capitales
acciones y el mercado)
.
Confesó haberme buscado
y en sus labios de vieja puta morados de vino en caja
puse mi anodino beso
Por Bandera nos desnudamos
y justo frente a la catedral
un cardenal de piedra miró extasiado
nuestro amoroso fornicar
La despedida no fue fácil
La muerte enamorada, no de mí sino de ella
reviviendo y rehabitada en mis caricias
y mis ojos en la sangre de su mirar tétrico
sólo quise aliviarla, castigarla,
bañar todo mi miedo en su cabello
beber del cáliz que propuso su entre piernas
y al fin dejarla por un lado
En Merced y San Antonio tomé la micro
pero no basta Santiago para escapar.
Confesó haberme buscado
y en sus labios de vieja puta morados de vino en caja
puse mi anodino beso
Por Bandera nos desnudamos
y justo frente a la catedral
un cardenal de piedra miró extasiado
nuestro amoroso fornicar
La despedida no fue fácil
La muerte enamorada, no de mí sino de ella
reviviendo y rehabitada en mis caricias
y mis ojos en la sangre de su mirar tétrico
sólo quise aliviarla, castigarla,
bañar todo mi miedo en su cabello
beber del cáliz que propuso su entre piernas
y al fin dejarla por un lado
En Merced y San Antonio tomé la micro
pero no basta Santiago para escapar.

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