lunes, 14 de abril de 2008

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.......................Entonces cayó nuevamente la tristeza en mí. Esa tristeza que venía disfrazada, de hace veintiocho siglos. Esa misma que yo enterraba bajo un cerro de pastillas hace algún tiempo, no muy lejano. Tristeza infame de no saber porqué. Idiota angustia que no me deja caminar. Yo no quiero que esté aquí, no quiero tenerla, no quiero vivirla, quiero desterrarla para siempre, pero no se puede. Vuelve, vuelve, siempre vuelve la maldita, con su traje seductor a tomarme por el lado más débil. Vuelve, vuelve, siempre vuelve la maldita, y no me deja salir de los límites de mi piel. Se queda atascada, sellando todo escape, toda fuga de la lágrima, para que me inunde por dentro, para que me ahogue al fin, para matarme. Sí, es la misma tristeza, esa que alguna vez ató sogas en mi cuello, la que se emborrachó noches y noches conmigo, la que alejó por fin de mí a mi mujer, mis hijos, la sonrisa de mi cara, las ganas de vivir. Esta maldita meretriz que ha logrado congelar la fuerza que de mi sangre emana, esa fuerza que reconozco y sé invencible, no la puede matar porque no muere, no la puede alejar por que está en mi, por eso grita impotente, ensordece y luego astuta, lanza sobre ella sus hálitos de hielo paralizándola. No puedes conmigo, le grito, y baja la voz un tiempo, pero sólo eso, sólo un tiempo. No se marcha, no se va. Lo peor es que no sé dónde se esconde. Se oculta y vuelve a aparecer a su antojo. Son ciclos, me dice profesional y académicamente mi siquiatra, pero no me tranquiliza. Todo lo contrario, lo ciclos son eternos, y yo no quiero esa eternidad. Quiero que desaparezca, que se lleve los temores. Que el miedo que agarrota mis piernas sea arrastrado infame en un torrente de lágrimas sanadoras. De pronto explotar, hacer erupción, aluvión cerro abajo desde la razón al corazón, pasando por el estómago que se recoge, por el sexo humillado, por las piernas inmóviles, por los pies cansados, caer en el suelo y en el suelo pisotearla, escupirla, lacerarla, orinarla y defecarla, arrojarle a la cara todo el daño que me hace, cavar la fosa más profunda y alejada para inhumarla. Nada de flores para la maldita, nada de flores. Seré yo entonces quien esté en el cajón, sintiendo los hirientes alaridos de mi tristeza enorme, infame, maldita, idiota, cíclica, y sobre todo, eterna.

3 comentarios:

ANKHAR dijo...

wuau!!!!!!me has tocado los hilo del alma....tus palabras grafican pefectamente el sentimiento de incertidumbre que se siente luego de pasar por estados imposible de entender,mas aun si se repiten una y otra vez dejando a su paso cicatrices profundas en el alma,en los sentimientos...en los recuerdos....te kieroo mucho primo....cuenta conmigo siempre.....y no te alejes yo tambien me siento sola...

Pame dijo...

Uuuuyyy que lindo lo que escribes, en realidad reflejas muy bien lo que sientes, tienes alma de poeta, eres una persona muy especial....
Puedes contar conmigo...

Atalanta dijo...

Hay días, meses o años en que esta dama infame se incrusta en cada celula, aferrándose a nuestro ser para condenarnos....
Un día, me quiso ahogar en pastillas para dejar de percibir todo lo que en aquel periodo no veía... pero no sé con que coraje le dí la espalda, la expulse de mi vida!.. recordé tantos momentos que no pudo arrebatarme... las sonrisas amables, los abrazos confortables, las bromas, las miradas profundas, los gestos de cada ser que se ha cruzado por mi camino, las palabras expresivas, todas las imágenes que se incrustaron en mi retina y por sobre todo, el aroma de la vida....
y hoy cuando la percibo atenta, esperando mi caída, la desecho recordando a cada uno de esos seres...entre ellos, tú mi querido amigo....

Te quiero montones.... espero puedas darle la espalda definitivamente....